jueves, 29 de junio de 2017

Omertà

《Ya desde muy joven Vito Corleone era tenido por «hombre razonable». De su boca nunca salía una amenaza. Siempre empleaba la lógica, una lógica, por otra parte, irresistible. Siempre se aseguraba de que el otro obtuviera su parte de beneficio. Con él, nadie perdía. ¿Cómo lo conseguía? De forma muy sencilla. Como todos los hombres de negocios verdaderamente listos, sabía que la libre competencia era perniciosa, mientras que el monopolio, en cambio, era beneficioso. Así pues, procuraba conseguir el monopolio. Había algunos mayoristas en Brooklyn, hombres de genio y testarudos que no se avenían a razones, que se negaban a ver, a reconocer el punto de vista de Vito Corleone, aun después de que éste les explicara, detalladamente y con enorme paciencia, sus razones. Con estos hombres, Vito Corleone siempre terminaba haciendo un gesto de desesperación. Luego, Clemenza y Tessio se encargaban de resolver el problema: pegaban fuego a los almacenes o volcaban los camiones cargados de latas de aceite. Un milanés loco y arrogante, con más fe en la policía que un santo en Jesucristo, fue a las autoridades para presentar una queja contra sus compatriotas, infringiendo la milenaria ley de la omertà. Pues bien, antes de que las cosas pasaran a mayores, el mayorista milanés desapareció, sin que nunca volviera a verle nadie, dejando esposa y tres hijos, gracias a Dios ya mayores. Ellos pudieron continuar el negocio de su padre, previo acuerdo con la Genco Pura Oil Company.》

lunes, 26 de junio de 2017

sábado, 6 de mayo de 2017

Testimonios y veracidad


Ya sabemos que no existe el buen testigo, del mismo modo que tampoco existe la declaración totalmente exacta y correcta; sin embargo, ¿qué aspectos de la declaración de un testigo sincero y que además piensa que dice la verdad son los que se deben creer? Esta es una cuestión muy delicada a la que en principio no se puede dar una respuesta única e inamovible que sea universalmente válida. Es necesario examinar cuidadosamente cada caso en particular y decidir en cada ocasión de acuerdo con las necesidades.

Bloch, Marc (1999). «Reflexiones de un historiador acerca de los bulos surgidos durante la guerra» en: Historia e historiadores, pp. 196

lunes, 10 de abril de 2017

La muerte de Luca Brasi (película vs. novela)


Luca reaccionó al instante. Saltó del taburete y se esforzó por zafarse de Bruno Tattaglia, pero Sollozzo ya le había asido por el otro brazo y se lo retorció contra la espalda. Pese a ello, Luca seguía siendo demasiado fuerte para los dos hombres juntos, y habría conseguido soltarse. Sin embargo, de entre las sombras de la sala y a su espalda, apareció otro hombre que le colocó una fina cuerda de seda alrededor del cuello. La cuerda apretaba cada vez más, y Luca apenas si podía respirar. Su rostro se tornó violáceo y sus brazos perdieron fuerza. Tattaglia y Sollozzo ya no tuvieron dificultad alguna en sujetarlo; la actitud de ambos inmovilizando a Luca tenía cierto aire infantil. Mientras, el otro hombre iba apretando más y más el cerco alrededor del cuello de Luca Brasi. De pronto, el suelo quedó mojado. Luca perdió el control de los esfínteres y la orina acumulada en su cuerpo se fue derramando hasta la última gota. Las fuerzas le habían abandonado por completo; las piernas se negaban a sostenerle y todo su cuerpo temblaba. Sollozzo y Tattaglia le dejaron libres los brazos y la víctima quedó a merced del estrangulador, ahora arrodillado para seguir al cuerpo de Luca en su lenta caída. La cuerda apretaba tan fuerte, que ya no resultaba visible en la garganta de Luca. Los ojos de éste parecían a punto de salirse de sus órbitas. Diríase que tenían una expresión de tremenda sorpresa, de mortal sorpresa más exactamente. Esta expresión era lo único humano que le quedaba a Luca Brasi, pues había muerto.




domingo, 9 de abril de 2017

El arte de formar, de inventar, de fabricar conceptos

Se trataba de poder plantear la cuestión《entre amigos》, como una confidencia o en confianza, o bien frente al enemigo como un desafío, y al mismo tiempo llegar a ese momento, cuando todos los gatos son pardos, en el que se desconfía hasta del amigo. Es cuando decimos:《Era eso, pero no sé si lo he dicho bien, ni si he sido bastante convincente.》Y constatamos que poco importa si lo hemos dicho bien o hemos sido convincentes, puesto que de todos modos de eso se trata ahora.

Deleuze, Gilles & Guattari Felix (1991) [2015]. Introducción en: ¿Qué es la filosofía? Barcelona: Editorial Anagrama, pp. 8

sábado, 8 de abril de 2017

Peter Clemenza





Miró a su jefe, Peter Clemenza, gordo y de mediana edad, que bailaba alegres «tarantellas» con las jovencitas. Clemenza, inmensamente alto, tremendamente pesado, danzaba con una maestría y un abandono tales que, a pesar de que su prominente estómago chocaba lascivamente una y otra vez con los senos de sus jóvenes compañeras de baile, todo el mundo le aplaudía. Cuando terminaba un baile, algunas mujeres de más edad le tomaban del brazo para ser su siguiente pareja. Los hombres más jóvenes se habían retirado respetuosamente de la pista y hacían sonar las palmas de sus manos, acompañando la música de las mandolinas. 

Luca Brasi





Realmente, Luca Brasi era un hombre capaz de asustar al mismo diablo. De corta estatura y cuadrado, su sola presencia llevaba intranquilidad a cualquier ambiente. Sus ojos eran color marrón pero fríos como el hielo. Su boca, más que cruel, parecía sin vida; delgada, como de goma y de color morado. Tenía fama de ser un hombre terriblemente violento, y era legendaria su devoción por Don Corleone. De hecho, era, en sí mismo, una de las bases sobre las que se asentaba el poder del Don. No había muchos como él. No temía a la policía, no temía a la sociedad, no temía a Dios, no temía al infierno; no temía ni amaba a nadie. Pero había elegido, había «escogido» temer y amar a Don Corleone.
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